Cuando hablo de un lugar, es entonces por qué ha desaparecido.
Cuando hablo del tiempo, es porque todavía no es.
Si tienes que morir…
¿Quieres que te avisen o tiene que venir de golpe?
¡De golpe!
Jean-Luc Godard.
Dans le noir du temps.
Dans le noir du temps («en la oscuridad del tiempo»), una de las películas más turbadoras de Jean-Luc Godard, pertenece a la tradición vanguardista del «Último cuadro» (título de un famoso ensayo de Nicolai Tarabukin sobre la pintura [1]). Aquí se trata de crear el poema de las «últimas imágenes», haciendo díptico con King Lear, donde se elaboraba la fábula de la «primera imagen». El film organiza una serie, no de planos, secuencias o escenas, sino de lo que habría que llamar epifanías de planos: algunos motivos arrancados de sus películas originales, que por un instante vienen a iluminar la pantalla y luego vuelven a sumirse en la oscuridad. Once epifanías llevan un rótulo introductorio: "los últimos minutos de la juventud", "los últimos minutos de la valentía", "los últimos minutos del pensamiento", "los últimos minutos de lo imprescriptible", "los últimos minutos del amor", "los últimos minutos del silencio", "los últimos minutos de la historia", "los últimos minutos del miedo", "los últimos minutos de lo eterno", "los últimos minutos del cine" y, para acabar, "última visión". La duodécima y última epifanía adviene a modo de coda: un breve movimiento danzante de la secuencia en color de Iván el Terrible, delicadamente extraída como haría un restaurador para despegar una escama de pintura, y que verdaderamente ofrece «la última imagen». Como en Histoire(s) du cinéma, unos planos pertenecen a la obra de Godard (Made in USA, le Petit Soldat, King Lear, Vivre sa Vie, The Old Place…); otros al panteón cinéfilo (el Evangelio según san Mateo); otros al corpus semianónimo de los informativos: guerras, campos de concentración, cadáveres. De acuerdo con los principios de la constelación a la que pertenece —Histoire(s) du cinéma (1988-1998), The Old Place (1999), l’Origine du vingt et unième siècle (2000), Moments choisis (2004)—, Dans le noir du temps recapitula, contempla, elabora, instaura las formas del vínculo entre las imágenes y la Historia. Igual que ellos, está montada de forma colectivista o, por mejor decir, «simpoética», según el termino acuñado por Friedrich Schlegel en los albores del siglo XIX: la historia de todos es de cada uno, las imágenes de cada cual son de todos.
«Por acabada que esté una obra, tiene que parecer que le falta algo, como si se lo hubieran arrancado» [2]. Dans le noir du temps lleva al límite el principio romántico del fragmento arrancado. Aquí, lo de crear en nombre de lo que falta se expande de forma cósmica: «Cuando miro el cielo entre las estrellas, no puedo ver más que lo que ha desaparecido», enuncia la voz de Godard. Pero la fórmula actualiza de pronto su dimensión histórica al quedar la banda sonora en silencio frente a las imágenes de los cadáveres industrializados en los campos de exterminio: se trata de actuar en nombre de lo imprescriptible. Dans le noir du temps, que inaugura el trabajo de Godard sobre la paz, representa una vuelta a Kant, en cuanto que verdaderamente está concebido desde un punto de vista «cosmopolita».
El arte se convulsiona y se supera para transofrmarse en ética. Es el Pensamiento de Pascal que cita la voz de Godard: «Todos los cuerpos juntos y todos los espíritus juntos y todas sus producciones no valen lo que el menor gesto de caridad. Este es de un orden infinitamente más elevado» [3]. Ahora bien, semejante pensamiento no lleva de ningún modo a relativizar lo que es, sino al contrario, a poblar el mundo con lo que debería ser: la justicia, por resumirlo en una palabra. Debemos a Simone Weil una transcripción moderna del pensamiento pascaliano: «el amor al prójimo, por lo que implica de atención creadora, es análogo al genio. La atención creadora consiste en prestar atención de verdad a lo que no existe» [4].
Plásticamente, este pensamiento de lo inactual lleva a sistematizar las formas de la intermitencia (tratada aquí como vacilación), y a considerar la imagen, por magistral que sea, a modo de frágil destello de lo que está por realizar. El papel del montaje consiste entonces en ir dejando puertas entornadas por las que pueda colarse lo que ha desaparecido; describir la presencia como luz fugitiva (arrancada no a la muerte, sino a la historia efectiva como historia de la injusticia, de la ocultación, de lo escondido); y tantear la efectividad de potencialidades contradictorias. Dans le noir du temps procura completar las funciones de grabación y reproducción propias del cine con las potencias inversas de borrado y emancipación. La propuesta, fundamental, consiste en subordinar el cine en cuanto dispositivo técnico (la grabación) al cine como dispositivo ético (la atención creadora). Atención melancólica a lo que ya no está, atención ferviente a lo que podría ser y conviene hacer realidad aunque sea en la propia forma del desaliento, atención trágica a lo que no se hará realidad.
En otras palabras, el cine se convierte aquí en el montaje de los límites de la analogía. Quizás nunca haya sido más profundamente crítico, en todos los sentidos que ha dado al término la tradition que arranca con Kant. La empresa godardiana cumple los «dos artículos» programáticos que Schlegel asignaba a la filosofía:
«1) Desarrollar en cada hombre la nostalgia por lo infinito.
2) Aniquilar la apariencia de acabado; a tal efecto hay que poner todo saber
en estado revolucionario» [5]
Gracias me ayudo mucho a reflexionar y tener una idea mas clara para mi trabajo practico de filosofia.
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