viernes, 30 de julio de 2010



Azúcar común.

Quizás les produzca extrañeza la mención del azúcar en este apartado sobre drogas, pero lo cierto es que no se puede considerar como un alimento, ya que el procesamiento industrial de la fuente vegetal primaria (caña de azúcar, remolacha o maiz), lo que produce es una sustancia química pura, muy semejante a la cocaína: su fórmula química es muy parecida, derivan de fuentes vegetales comunes, producen fuertes efectos psicosomáticos y crean dependencia.

En comparación a la cocaína (no asociada claramente a alguna enfermedad física concreta), el azúcar está asociada, por ejemplo, con trastornos cardiovasculares (ataques cardíacos), obesidad, diabetes, insuficiencia renal, caries dental o ceguera. Hay personas con intolerancia a la sacarosa, debido a la falta de la enzima sacarasa, (que la convierte en glucosa y fructosa ) y que no pueden consumirla, ya que les provoca problemas intestinales.

En la fabricación del azúcar refinada, intervienen agentes tan poco nutritivos como el óxido de calcio (cal, cal viva), el dióxido de carbono, el sulfato de calcio (yeso) y el ácido sulfúrico... El azúcar común carece de proteínas, vitaminas, minerales, enzimas o fibra, y su presencia en la alimentación supone sólo perjuicios. Las 2 preguntas que nos podría hacer un niño inteligente son: ¿por qué la venden en el supermercado si no es buena para la salud?, y ¿por qué la gente la compra? Si, además, supiera que existe una planta que endulza de una forma muchísimo más potente, que no tiene calorías, y que no sólo no es perjudicial, sino que tiene unas fantásticas propiedades para la salud, se rayaría aún más su sentido lógico...

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