domingo, 19 de septiembre de 2010



ESPACIOS VACIOS A TRAVES DE LA KINESTESICA DE LOS CUERPOS.

La primera palabra que surge al enfrentar lo vivido el pasado 27 de febrero del 2010, es el silencio en la inmediatez, enfrentado a la acción del sonido ensordecedor ocurrido.

De aquel viernes se desprenderán múltiples vivencias e historias totalmente diferentes.

¿Qué significa esto?

A través del movimiento de las placas tectónicas, y el desastre ocurrido se generan espacios vacios en la memoria colectiva de los habitantes afectados. Puesto que silenciar aspectos de la naturaleza, los cuales afectan de manera directa en la vida del ser humano es casi imposible.

Expresar un sentir, observar matices que tan solo unos pocos nacen para contar, intentar narrar una historia compuesta de mitades abstractas expuestas al viento. Eso es lo que algunos llamamos almacenar momentos, los cuales se decodifican a través de los sentimientos y percepciones de cada ser humano según su propia esencia. Porque de eso se compone este juego inquietante al que llamamos vida, en donde cada individuo descubre el mundo, logrando identificarse sujetado un instante mientras dure.

Se adquiere una capacidad casi innata por capturar imágenes, de guardar trozos en esa especie de pantalla mental sensorial en la cual recreamos copias de aquella ilusión vital según de lo que vivimos.

Así en nuestra memoria, así en nuestras memorias de sustancia etérea recurrimos a eso de lo cual están compuestas nuestras vidas, de trozos hilados por cajas oscuras de aparente realidad sucesiva o lo que sencillamente llamaría recuerdos.

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